Lo que busca esta frase, fruto de una vida de observaciones por parte de mi abuela, es representar todo el poder, lo inconmensurable y lo inevitable del transcurso del tiempo. Así como Dios representa lo máximo en conocimiento (es omnisciente), en poder (es omnipotente), en bondad, misericordia y todos los razgos personales considerados positivos por las diferentes culturas, es también omnipresente, es decir, el único que puede trascender lo temporal. Pero inmediatamente después de él, y desde nuestra humilde situación de seres efímeros, lo más grande que hay en el universo es el tiempo. El tiempo, bajo el cual todo transcurre, el que jamás se detiene y que nos cincela con duras herramientas, tanto física como espiritualmente.
Otra frase deliciosa de mi abuela: Al mirar la fotografía de algún actor o actriz ya ancianos, y que en sus épocas de plenitud habían sido considerados íconos de belleza, Agripina exclamaba: ¡Lo que nos hace el tiempo!
Pues bien; si todo viene de Dios, él lo ha creado todo y creó también el tiempo... pues ya no lo veo tan buenito. Más bien es de una crueldad inusitada otorgar a un ser la gracia y la belleza de la vida para luego decirle... ah!, pero es por un ratito nada más.
En fin, es un tema recurrente en la filosofía. Cuando nuestros amados parten, lloramos porque nos han hecho capaces de sentir. Y porque también nos han hecho capaces de pensar, preguntamos por qué. ¡¡¿¿POR QUE EL TIEMPO!!??